S. González
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Leyendas del Sur

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Sinopsis

Hay un lago, en la Patagonia, que se cobra a las que dicen que no. Fiama Wenkul tiene diecisiete años, y desde que nació mujer carga con una sentencia que no eligió: ser la primera hija significa que su padre decide por ella. La tradición ya se llevó a dos mujeres de su familia —una tía por parte de madre de la que nadie habla, y la hermana de su padre, que no llegó a cumplir veinte años. El lago no olvida, y en su pueblo, tampoco.

Cuando su padre le anuncia con quién va a casarse, a Fiama le quedan apenas unos meses para desenterrar la verdad detrás de esa tradición —antes de convertirse en la tercera.

La ayudan las dos personas que más quiere en el mundo: Catrilef, que la conoce desde antes de tener memoria, y Ayelén, que empieza a mirarla de una forma que Fiama no sabe cómo nombrar todavía.

Cómo se desarrolla la historia

Todo arranca con un recuerdo: a los siete años, Fiama, Catrilef y Ayelén inventan una "ceremonia" junto al lago, tirando piedras al agua —la de Fiama tarda en hundirse, y el agua queda quieta, como si algo la sostuviera desde abajo. Diez años después, su padre Kalfu le anuncia el compromiso arreglado con Antu Coliqueo, hijo de Wenchulaf Coliqueo, un hombre bien visto en el pueblo. Buscando entender por qué le toca a ella, Fiama descubre que la tradición —"la Promesa"— ya se cobró antes a Aylín, la hermana de su padre, que se negó al mismo destino y murió cerca del lago sin que nadie aclarara del todo cómo. Con la ayuda de Catrilef y Ayelén, y de Doña Rosario (la abuela de Ayelén, que guarda la memoria del pueblo), Fiama rastrea el origen de la Promesa hasta su bisabuelo Lautaro Wenupán, muerto en 1948 —y descubre que la tradición siguió después de él, con casos en los años setenta y noventa. En paralelo, un vínculo cada vez más intenso crece entre los tres amigos: Fiama empieza a conocer a Antu (que resulta ser, contra todo pronóstico, genuinamente amable y tan reacio al compromiso como ella), mientras Catrilef y Ayelén sienten celos por primera vez sin animarse a nombrarlo, hasta darse su primer beso. El libro cierra con Fiama saliendo de lo de Doña Rosario con una pregunta que no la va a dejar tranquila: ¿quién, en el pueblo, sigue cuidando hoy una promesa que debería haber muerto hace setenta años?

Galería

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Adelanto en video

Video de adelanto — próximamente.

Trivia

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